Los Enseres


La Alquitara

 
El otoño lebaniego está marcado por la cosecha de las frutas. La uva, antaño muy abundante, es una de la más representativas. La vendimia de las viñas de Tolina y Naroba, contenida en los cestos de mimbre y transportada en los carros, se descargaba en las tinas de madera de castaño de la bodega donde se pisaban a píe descalzo hasta extraer los mostos que, convenientemente fermentados, se convertían en vino tinto. Iniciada la desvina, los caldos recogidos en los pozales se trasegaban a las carrales y los hollejos restantes se destinaban a destilar el aguardiente.

Para este proceso, ya desde antiguo, se ha utilizado tradicionalmente un recipiente de cobre: la alquitara. Su origen es árabe (al-gattara, la que destila) y consta de tres cuerpos que se ensamblan: la parte baja denominada caldera; la intermedia llamada capotillo; y la superior conocida como copa.

La caldera, en cuyo fondo se depositaba una base de paja para evitar que se pegase, se carga con los hollejos de uva fermentados, aún húmedos de vino; se colmata y se cubre con el capotillo, que encaja mediante un rebaje en su base con la caldera. Sobre el capotillo a su vez se enlaza la copa; esta consta de un conducto interior que acaba en una cámara de expansión semiesférica, que actúa de condensador al contacto con el agua fría contenida la cavidad exterior de la copa. La unión de estas partes se sellaba con masa de harina de centeno.

Los hollejos calentados a fuego lento de leña hasta su ebullición, producen el vapor alcohólico que asciende hasta la copa de expansión; en ella se condensan al contacto con el frío producido por el agua de refrigeración que exteriormente contiene ésta, destilando lentamente por un desagüe lateral el preciado aguardiente que, a través de una paja de cereal, va cayendo gota a gota al embudo y llenando la botella o el garrafón.

Gestiona

Colabora

Colabora

Síguenos en la Red